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viernes, 5 de julio de 2019

La fase oculta del auge de la nueva economía en Yuty



Por Pamela Díaz

Es un secreto a voces, es el típico “todos saben”, pero nadie se anima a emitir comentario alguno, tal vez por temor, tal vez por ignorancia. Prácticamente, ningún ciudadano prefiere abordar como tema de conversación el narcotráfico. Cuando se le menciona dicha cuestión, el interlocutor permanece pensando en una posible respuesta durante unos segundos. Es de público conocimiento para cualquier poblador llegar a afirmar algo "indebido" podría, eventualmente, causarle alguna represalia. De allí es que surgen las "mordazas" voluntarias.
El distrito de Yuty, en el Departamento de Caazapá, una región antigua, fundada hace más de 400 años y por ende bastante tradicionalista, es lamentablemente el ejemplo de un pueblo que, a pesar de ser sabio y humilde creyente en un ser superior, parte de él puede llegar a ser seducido por el billete fácil.
Existen cientos de emprendedores en la zona, quienes han crecido paulatinamente a lo largo de estos años, y que han demostrado que, con esfuerzo y perseverancia, utilizando estrategias comerciales, se puede llegar a buen puerto.
Sin embargo, la otra cara de la moneda la constituye una situación altamente minada por el fenómeno del narcotráfico. Si bien es algo conocido por todos, aún se mantiene en la oscuridad. Al ser un hecho ilegal, y al beneficiarse económicamente de él parte de la población, se da la creación de lo que se conoce como “la espiral del silencio”. 
Esta trata de una teoría de ciencias políticas y comunicación acuñada por la politóloga alemana, Elisabeth Noelle-Neumann, en el año 1977, en su libro La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social. En él estudia la manera en la que la opinión pública funciona como forma de control social, donde los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes. 


Según declaraciones del actual jefe de la comisaría Segunda de Yuty, comisario principal Derlis Melgarejo son muy pocas las incautaciones de droga realizadas en la zona. En su dependencia existe apenas un caso registrado, el cual se trató de una pequeñísima plantación de supuesta marihuana hallada en el asentamiento 26 de diciembre, en el patio trasero de una vivienda, a finales del último año. 
Por otro lado, la aprehensión de un funcionario del Ministerio Público de Yuty, a principios del mes de marzo del año 2018, a la altura de la ciudad de Coronel Bogado, cuando éste se encontraba transportando cerca de 417 kilos de marihuana prensada en su vehículo particular, afirma nuevamente la influencia enorme que ejercen las organizaciones criminales sobre la zona caazapeña. (Última Hora, 2018)
En una cápsula informativa contenida en el sitio web del Ministerio Público, que relata la imputación y medida preventiva de seguridad que recibiría, en aquel entonces, el sujeto al cual se hizo alusión en las líneas anteriores; se observa, además, la información manejada por la justicia acerca de que la droga presumiblemente tendría origen en el Distrito "3 de mayo", aledaño al distrito de Yuty. (Ministerio Público, 2018)
La Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), institución encargada de combatir el tráfico ilegal de estupefacientes y drogas peligrosas, estipulada en la ley 1340/88, modificada por la ley 1881/02 y ubicada en el Código Penal del derecho positivo paraguayo, en el último año presentó lo que se ha denominado el Anuario 2018, donde se expone que del narcotráfico a gran escala, ubicado mayormente en las fronteras, se desprende el microtráfico, otro fenómeno importante que afecta a la sociedad y que consiste en la venta al menudeo de marihuana, cocaína, crack, LSD, pastillas de éxtasis, entre otros. (SENAD, 2018) (LEY 1340/88).


Por último, pero no menos importante, cabe señalar la destrucción de cerca de 13 mil kilos de marihuana hallada en diferentes formas, dentro del Parque Nacional de Caazapá, ubicado en el Departamento de Caazapá, en su límite con el Departamento de Itapúa; por parte de agentes especiales de la SENAD, esta información también trascendió en los medios periodísticos. (SENAD - ITAPÚA, 2019) (SUR Televisión, 2019)
Estos descubrimientos realizados en la zona genera un impacto de consideración y sirve mínimamente para sostener el planteamiento de que este negocio ilícito se encuentra en constante aumento,  tanto su producción, como su acopio y comercialización, desde un punto geográfico hasta otro, desde los principales distribuidores en los centros urbanos, hasta el mercado extranjero, son los principales escenarios donde se desarrollan las transacciones de los productos, y genera un circulante de dinero importante para la región, mitigando en cierta medida la ausencia de políticas públicas eficientes por parte del gobierno. (SENAD, 2018)


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Pamela Díaz es estudiante del cuarto año de la carrera Ciencias de la Comunicación, con énfasis en Periodismo, en la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas, de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción" Campus Itapúa. Se siente interesada por la producción de contenidos y todo lo referente a los medios de comunicación. En sus ratos libres observa contenidos digitales en la plataforma YouTube. Le gusta la historia, la filosofía, y las ciencias relacionadas a la comunicación; asimismo, las artes, la interpretación musical y la actuación teatral y televisiva.

Hacinamiento y maltratos en un centro penitenciario que no busca la rehabilitación



El Centro de Rehabilitación Social (CERESO), el principal establecimiento penitenciario del Departamento de Itapúa, de "rehabilitación" solo tiene el nombre. Hay 1.371 personas presas en un lugar cuya capacidad ha sido concebida para alojar apenas a 939 personas. El CERESO forma parte de una situación crítica en que se encuentran la mayoría de las cárceles del país, superpobladas, con su población hacinada y sometida a maltratos inhumanos.

Por Marcos Fernández Correa


En el Centro de Rehabilitación Social (CERESO), el principal establecimiento penitenciario del Departamento de Itapúa, hay 1.371 personas presas en un lugar cuya capacidad ha sido concebida para alojar apenas a 939 personas, como máximo. Esta superpoblación, que también se sufre en otras cárceles del país, ya pueda dar una idea de las condiciones de hacinamiento y precariedad en que deben sobrevivir quienes han sido privado de su libertad.
El CERESO se encuentra ubicado en el distrito de Cambyretá. Su población penal es del 146%, según los datos oficiales del Ministerio de Justicia, mientras el Mecanismo Nacional de Prevención contra la Tortura (MNP), organismo encargado de fiscalizar la situación en las cárceles, menciona en su último informe que la población ha llegado incluso hasta el 323%.
La principal cárcel de Itapúa es considerada una penitenciaría de seguridad media, destinada a la reclusión de personas procesadas y condenadas por delitos, aunque es mucho mayor el porcentaje de presos que aún no reciben condenas, mostrando el grave problema de la mora judicial y sus efectos en el sistema penitenciario.
Las celdas del CERESO han alojado a connotados reos, como aquellos que forman parte de la famosa organización criminal brasileña Primer Comando de Capital, dedicada principalmente a operaciones de narcotráfico, como a grandes asaltos y otros crímenes, incluyendo el tráfico de armas. Hasta el lugar también ha llegado René Hosfstetter, condenado a 12 años de cárcel por el asesinato del hijo del exdiputado Luis Felipe Villamayor, un caso con mucha resonancia mediática.
Al recorrer las instalaciones del CERESO podemos notar que allí no existe ningún criterio legal ni racional en la distribución de reclusos en los diversos pabellones. Tampoco existe una debida separación de los condenados y de los procesados, pero si resulta claro que algunos presos de mayor poder e influencia gozan de todo tipo de privilegios, mientras otros con menos recursos se deben conformar en subsistir de manera muy precaria, rodeados del muro perimetral de la cárcel. 
Los menos favorecidos, que conforman la mayoría, son principalmente aquellas personas que ingresan sin tener absolutamente nada. En muchos casos son personas que han cometido hechos punibles graves y que han llegado a la prisión sin tener idea de cómo afrontar esa dura nueva vida dentro del penal, en un lugar en donde el respeto a los derechos humanos está muy lejos de cumplirse según establecen las leyes y convenios internacionales.
Particularmente, el CERESO forma parte de una situación crítica en que se encuentran la mayoría de las cárceles del país, superpobladas, con su población hacinada y sometida a maltratos inhumanos.
Los datos obtenidos del Sistema de Información Penitenciaria del Paraguay (SPPY) destacan que entre los hechos punibles cometidos con mayor frecuencia en nuestro país los encabeza el de robo agravado, ya que 3.047 personas se encuentran privadas de su libertad por esta causa. En segundo plano se encuentra el delito de homicidio doloso, con un total de 1.667 personas recluidas y en tercer lugar los casos de violencia familiar con 1.310 internos.
A ellos se suman los recluidos por hurto agravado, que suman 1.270 y los reos por abuso sexual en niños, que ascienden a 702. Las estadísticas continúan con 433 presos por tenencia sin autorización de estupefacientes, 431 por tentativa de homicidio doloso y 408 por tenencia y comercialización de estupefacientes.
La población total de presos en las cárceles del país es de 16.703 a principios de junio de 2019, de los cuales solo el 23% posee una condena firme, mientras el 77% aún se encuentra en la etapa de procesados.
Al recorrer las instalaciones del CERESO, uno percibe claramente que a pesar de llamarse “Centro de Rehabilitación Social”, la rehabilitación de quienes han delinquido ante la sociedad es lo que menos ocurre en ese lugar.
La Constitución Nacional, en su artículo 20, dispone que la pena que se impone desde la Justicia a alguien que ha cometido un delito tiene como fin la rehabilitación del infractor de la ley. Igualmente, la Ley 210/70 del Régimen Penitenciario, en su artículo 3°, alude a que el tratamiento penitenciario debe ser integral con miras a la readaptación social del interno y en sus artículos 86 y 87 cita la necesidad de brindar a las personas que obtienen su libertad un tratamiento pos penitenciario.
En la principal cárcel de Itapúa no se da este proceso. En cuanto a las instituciones civiles que ayudan a realizar programas de rehabilitación social, ajenas a la penitenciaria, solo en unos de los bloques está permitido contribuir con este tipo de ayuda.
El CERESO, de “rehabilitación social” solamente tiene el nombre.


Takuara’i, un caso de violencia e injusticia contra los indígenas


Por Brígido Bogado

El caso de la comunidad indígena ava guaraní de Takuaraí es emblemático, es como un espejo de lo que sucede cuando hay conflicto de tierra.
Esta problemática se da generalmente entre los poderosos y los pobres, entre los grandes agro-exportadores y los indígenas, entre indígenas y campesinos. Cuando ocurren estos hechos hay quema de casas, atropellos, amedrentamientos, traslado forzoso de los indígenas de sus tierras (siempre lleva la peor parte el indígena) y hasta asesinatos por parte de los empresarios extranjeros que suelen ser en su mayoría brasileños y estos cometen los delitos en generalidad con la complicidad de las autoridades -quienes deberían velar por el cumplimiento de las leyes, pero cuando hay dinero de por medio, las leyes pasan a segundo plano-.
Takuara’i es una comunidad de los ava auaraní, en el departamento de Canindeyú, distrito de Corpus Cristi, cuyos miembros han sido desalojados de sus tierras. Supuestamente el dueño es el brasilero Favio Sequeira, empresario brasilero, quien dice poseer título de propiedad. Este señor se dedica al cultivo de soja, es una persona que ya venía buscando distintas maneras de hacer que los indígenas abandonen el lugar, tratando de darles miedo con disparos al aire sobre sus cabezas, pero los indígenas no se dejaron amedrentar, ellos decían que estaban dispuestos a morir el lugar.


Compartimos a continuación un memo sobre los sucesos más dramáticos de este conflicto:

* Takuarai, 11 de noviembre de 2018 – 04:00 hs. de la madrugada
Un grupo de personas ataca a los miembros de la comunidad. Son brasileros y otros empleados, encabezados por el empresario Fabio Sequeira, quien es sospechado por haber ejecutado al estudiante Isidoro Barrios, un estudiante indígena, por el supuesto hecho de exigir la restitución de las tierras. Hasta ahora no se ha encontrado el cuerpo de Isidoro, continua desaparecido. 
El ataque es para arrebatarles a los indígenas de sus tierras ancestrales. Niños, mujeres, ancianos son mantenidos de rehén y torturados, mientras otros corrieron hacia el monte. Usaban expresiones como “¡vamos a dar morte a voces! ¡Les vamos a dar plomo, indígenas haraganes!".
Posteriormente, algunas mujeres que se animaron se acercaron hasta la sede policial de la cercanía, para hacer la denuncia; pero sospechosamente ningún policía se encontraba en el lugar.

*Es evidente que hubo un entendimiento entre las autoridades del lugar y los empresarios brasileros para despojar a los indígenas de sus tierras ancestrales, para la producción de la soja y otros monocultivos.

*Después de estos hechos, los indígenas deciden venir a la capital para reclamar sus derechos, ya en ese lugar no tienen ninguna esperanza.

*En Asunción se instalan en un precario campamento en las plazas del Congreso, donde es asesinado Francisco López, el hermano del líder de la comunidad de Takuara'i, Derlis López, en un confuso hecho. Al parecer querían asesinar a Derlis López.

*Posterior a esto es detenido Derlis López, el principal líder, acusado de coacción y es derivado a la  cárcel de Coronel Oviedo. Luego de la intervención del Defensor del Pueblo se logra convertir la orden judicial en una prisión domiciliaria, que es cumplida en otro lugar, al no poseer domicilio esta persona.

*Según la presidenta del Instituto Paraguayo del Indígena (INDI), Ana María Allen, el retorno a las tierras ancestrales de Takuara'i ya es imposible, pues el terreno ya pertenece a los empresarios brasileros.

*Según las hermanas religiosas de la congregación Siervas del Espíritu Santo, Ángela Balbuena y Mary Blanca Verón, que llevan décadas trabajando con los
Ava Guaraní, hay documentos que confirman que las tierras deTakuara’i pertenecen históricamente a los indígenas, desmintiendo a la presidenta del Indi, Ana María Allen, quien asegura que en la zona no hay vestigios de haber existido antes alguna comunidad indígena. Las hermanas sostiene que el Instituto de Bienestar Rural (IBR, actual) en el año, 1980 había asegurado 1.000 hectáreas para la comunidad en ese mismo lugar.


Falta de voluntad política.

Entre todos los casos relacionados a la cuestión de la tierra de los pueblos indígenas, muy pocos han tenido resultados positivos.
La mayoría de los conflictos llevan mucho tiempo para resolverse, porque por un lado no hay voluntad política de parte de las autoridades de turno, en la cuestión se recurre mucho a dilataciones y a las chicanerías judiciales, porque siempre están de por medio los intereses de los poderosos.
Es muy difícil hacer valer los derechos de una la minoría, ya que de la población total del Paraguay los pueblos indígenas son solo el 2%. Aunque sus derechos están reconocidos por la Constitución Nacional y por otros acuerdos internacionales ratificados, casi siempre los pueblos indígenas han llevado las de perder.
El caso de Takuara’i es apenas uno más entre muchos otros casos, solo que este tuvo mucha repercusión mediática.
Hace algunos meses, el Gobierno les ha prometido darles una solución, mientras los trasladaban a otra comunidad cercana del lugar. La promesa fue que se iba a solucionar en 30 días, eso fue el 24 de marzo, pero hasta hoy (junio de 2019) no hay solución.
Los miembros de la comunidad de Takuara’i piensan seriamente regresar a Asunción a instalarse nuevamente en la Plaza frente al Congreso, para seguir reclamando.
Aquí cabe preguntarse: ¿Que se puede hacer ante esta situación? ¿Cómo o qué hacer para que puedan tener más fuerza los pueblos indígenas en sus reclamos? Solamente con la unión con los distintos sectores y la solidaridad hacia quienes más necesitan, se puede hacer algo. Es hora de que toda la sociedad paraguaya se ponga las pilas y acompañe los reclamos históricos que los pueblos indígenas vienen haciendo. Hay deudas históricas del Paraguay con las naciones aborígenes del país, que nunca han sido pagadas.
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Brígido Bogado es docente, escritor y poeta indígena guaraní, miembro de la Comunidad Indígena Pindó de San Cosme y Damián. Ha publicado varios libros de poesía. Es miembro de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP). Estudia la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Católica de Itapúa, en Encarnación, hasta donde se traslada desde su comunidad para asistir a clases.

Paraguay libra otra batalla ante los efectos de la inundación


Con los efectos de la inundación, el Paraguay nuevamente esta en medio de una guerra, pero esta vez es la guerra del pueblo en contra del hambre, la pobreza y por sobre todo ante la ineficacia del Estado. Duele ver a los pueblos de un país de gente fuerte, inundada en la zozobra, en la angustia, en el miedo de volver a perder esta batalla. Duele ver como el futuro del país está en manos de personas que buscan su propio bienestar, mientras que muchos niños padecen necesidades y hasta mueren de hambre.

Por Tamara Dietze Reckziegel 

Ilaria Martinez tiene 56 años, es una mujer que presenta múltiples enfermedades, vive con una sonda por donde ingiere alimentos líquidos y depende de una bolsa, ya que no posee fuentes económicas que le permitan dializarse.
Actualmente reside en el refugio para damnificados "Polideportivo Félix López’" de la ciudad de Pilar, Departamento de Ñeembucú, pasando muchas necesidades básicas, y compartiendo el albergue con dos de sus hijas, sus parejas y sus nietos. Tienen solo cuatro colchones y en ellos descansan.
En una entrevista que le realizamos, ella habló de sus necesidades y con lágrimas en los ojos relató el momento en que las débiles paredes de su hogar fueron arrolladas por las furiosas aguas del rio Paraná. Aunque intentaron rescatar algunas cosas del hogar no pudieron hacer mucho. Contaban con un pequeño gallinero y con algunos cerditos que les servían para mantenerse, pero todo fue arrastrado por las aguas. Hoy solo les queda la ayuda de las personas de buen corazón, dependiendo de la solidaridad para conseguir medicamentos, ropas y sobre todo el pan de cada día
"La situación en Pilar se torna cada vez más compleja, la economía está parada y la ciudadanía se empieza a desesperar, no creemos que ocurran saqueos a los locales comerciales, pero viendo la necesidad de víveres tememos a que esto ocurra" nos dijo el senador Víctor Ríos en una entrevista, resaltando la inoperancia de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) y la falta de participación real de los medios de comunicación nacionales en el lugar.
"No te quiero decir nombres, pero vino gente de la prensa, solo que se fueron a parar directamente a la Municipalidad y de ahí se les llevó a una pista comercial en donde se guardan los alimentos que llegan a la SEN, sacaron unas cuantas fotos y se mandaron mudar, no preguntaron si esos víveres son entregados, si se quedan ahí a pudrirse o si son llevados para su venta en la Argentina" expresó el legislador.
  

El día a día del damnificado paraguayo

Anuncia Romero relató cómo son entregadas las provistas: "Traen paquetes con dos kilos de arroz, dos vaka’i (latas de carne en conserva), una lata de choclo, una lata de arveja, un paquete de jugo de 8 litros y capaz un kilo de harina si tenemos suerte, y de eso debemos hacer olla popular y comer entre 10 personas por una semana por ahí, pero eso no alcanza ni para dos días".
Las lágrimas no tardaban en caer cuando hablaba de como perdieron algunos sus pequeñas granjas y plantaciones.
Los niños no pueden seguir estudiando, ya que las escuelas de los barrios damnificados dejaron de funcionar. En una conversación con la madre de uno de los niños perjudicados, ella relató cómo solo son beneficiados los pobladores de lugares en donde los "colo’o" (miembros del Partido Colorado, oficialista) meten la mano: "Ya empezaron a hablarnos de las ventajas que podemos tener si es que nos afiliamos (al partido), juegan con la dignidad de la gente, saben pues que nuestros hijos tienen hambre y frío".


¿Hay intereses creados en las zonas damnificadas por las inundaciones?

Los damnificados aseguran haber visto a miembros de la SEN, en conjunto con funcionarios municipales, llevando víveres y ropas en canoas y avionetas. Además, denunciaron el mal uso de las bombas de agua, las cuales por razones obvias no dan abasto en toda la ciudad.
Lo que llama la atención es que las bombas fueron retiradas de las zonas costeras del Río Paraná, en donde se ubican varios barrios que están totalmente bajo agua y es lo que alarma a los pobladores del lugar, quienes el día viernes 17 de mayo tuvieron que rodear una de las moto-bombas para que no se las llevaran, fueron amenazados con armas de fuego y sacados a la fuerza del lugar por militares que venían acompañados de funcionarios de la SEN.
Las barcazas que están paradas al otro lado del río pertenecen en su mayoría a grupos empresariales con gran poder económico en el país, lo que hace suponer que se busca la descongestión fluvial en esos lugares, dejando absolutamente de lado la necesidad del pueblo paraguayo.
La deplorable situación en cuanto a la falta de medicamentos y jeringas en los centros de salud y hospitales públicos también llama la atención, ya que los pobladores manejan la información de que fueron donados varios artículos de salud, pero los mismos no fueron utilizados hasta el momento, ya que cuando pacientes deben nebulizarse no se cuenta con los aparatos correspondientes, según enfermeros. Por ello. muchos recurren a la Argentina, arriesgándose a cruzar el río y pasar por las caudalosas y enfurecidas aguas para acceder a un puesto de salud.
Con los efectos de la inundación, el Paraguay nuevamente esta en medio de una guerra, pero esta vez es la guerra del pueblo en contra del hambre, la pobreza y por sobre todo ante la ineficacia del Estado. Duele ver a los pueblos de un país de gente fuerte, inundada en la zozobra, en la angustia, en el miedo de volver a perder esta batalla. Duele ver como el futuro del país está en manos de personas que buscan su propio bienestar, mientras que muchos niños padecen necesidades y hasta mueren de hambre.
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Tamara Pamela Dietze Reckziegel nació el 1 de mayo de 1997 en la ciudad de Hohenau. Sus estudios primarios y secundarios los cursó en el Colegio Privado del Internado Evangélico de la misma ciudad. Estudió violín, guitarra y lenguaje musical en el Conservatorio de Música Concordia. Actualmente cursa el cuarto año de la carrera de Ciencias de la Comunicación.


viernes, 31 de agosto de 2018

Los Linces en Encarnación: ¿héroes o villanos?


La llegada del grupo de operaciones tácticas motorizadas Lince marcó un antes y un después en cuanto a la seguridad de los encarnacenos. La mayor parte de la población aplaudió de pie esta noticia, pero no todo es color de rosa: también aparecieron denuncias por actuaciones consideradas arbitrarias. El nuevo ministro del Interior les exige que se identifiquen visiblemente, lo cual genera resistencias. ¿Se adaptarán los Linces a la nueva situación política?  

Por Lucas Toledo

Con la frase bíblica del Salmo 23.4 (“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”) sellada en sus uniformes camuflados, agentes del grupo lince de la Policía Nacional recorren las calles de la ciudad de Encarnación desde diciembre de 2017.
La llegada de estos uniformados preparados para combatir a la delincuencia fue aplaudida por casi toda la ciudadanía, que ya se encontraba con las esperanzas perdidas en los efectivos policiales por los constantes asaltos perpetrados por marginales, conocidos comúnmente como “motochorros”.
Apenas 24 horas después de la presentación de estos efectivos que ocultaban sus rostros bajo capuchas y cascos, como parte de un llamativo uniforme con detalles de camuflaje (para para’i), montando flamantes motocicletas de altas cilindradas, ya se daban a conocer los primeros resultados que se redujeron a detenciones de personas que se dedicaban a la venta de drogas al menudeo, también conocidos como “micro-traficantes”.
Los días pasaron y parecía que los nuevos uniformados iban devolviendo a la población la seguridad de caminar con tranquilidad por las calles de la ciudad. Las estadísticas se volvían cada vez más positivas y los delincuentes tenían que pensar dos veces antes de atacar.
La Jefatura de Policía de Itapúa fue beneficiada con la llegada de más agentes Linces, quienes se sumaron a las tareas de prevención por las calles y enfrentaron el desafío de ingresar a uno de los distritos más conflictivos del séptimo departamento, el municipio de Cambyreta.
Los Linces recibieron una vivienda en donde montaron su base de operaciones, en el barrio San Francisco de Cambyretá, en donde hasta la actualidad se encuentra la oficina de este grupo táctico.

Efectivos del Grupo Lince durante una exhibición
Primeros resultados de la acción de los Linces

A más de siete meses de la llegada de este grupo de élite, la cúpula policial presentó un balance de las intervenciones realizadas hasta julio de 2018. Según el comisario Arturo Enciso, jefe de los Linces en Encarnación, 37 personas fueron detenidas por poseer orden de captura por diversos hechos delictivos, 100 fueron detenidas por delitos varios, 23 por la tenencia de drogas ilícitas. Igualmente, se recuperaron 5 motocicletas robadas, 96 biciclos fueron incautados por no estar en reglas para su circulación y se procedió a la incautación de 3 automóviles, 9 armas de fuego. Llamativamente 7 personas quedaron detenidas cuando intentaban sobornar a los agentes.
Pero no todo fue aplauso para el grupo de operaciones tácticas, ya que la manera en que realizan sus controles en la vía pública no fue muy bien aceptada por un sector de la sociedad. Aparecieron varias quejas por parte de personas que afirmaron ser sometidos incluso a golpes por parte de los uniformados.
En agosto de este año se erradicó una denuncia ante el Ministerio Público de Encarnación, en contra de patrulleros del grupo lince por supuestamente obligar a un joven menor de edad a quitarse los aros que llevaba en sus orejas, bajo amenaza de llevarlo detenido. El hecho habría ocurrido en inmediaciones de la Terminal de Ómnibus y fue presentado como un caso de abuso de autoridad y violación de derechos humanos.
En julio de este año, igualmente, un estudiante identificado como Walter Morínigo expresó su indignación a través de las redes sociales por otro supuesto procedimiento irregular de parte de varios agentes del Grupo Lince. En su perfil de Facebook, el joven relató que al salir de estudiar de la casa de un compañero suyo y querer llegar a su vivienda, fue interceptado por los uniformados, quienes de forma violenta supuestamente le exigieron a que se tire al suelo en el empedrado, tratándolo prácticamente como delincuente. El hecho habría ocurrido luego de las 21:00, en el barrio Quiteria de Encarnación.
La situación generó la indignación no solo del estudiante afectado si no también de varias personas, quienes repudiaron el violento accionar de los efectivos. Ante dichas denuncias, el jefe de Los Lince, comisario Arturo Enciso, argumentó que en todo momento habían actuado de acuerdo con la Ley.


Apoyo mayoritario

En una encuesta realizada aleatoriamente en las calles de Encarnación, consultamos a los ciudadanos su opinión sobre la presencia de los uniformados y su forma de operar en la ciudad. La mayoría de los consultados respondió estar de acuerdo, asegurando que quienes se quejan de los procedimientos son las personas que no tienen sus documentos en regla o están metidas en hechos delictivos. Otros dijeron estar de acuerdo con la presencia de los mismos, pero que tienen que ser más amables con las personas “comunes”.
Actualmente son 26 los efectivos policiales que integran este grupo y están trabajando en Itapúa, especialmente en Encarnación y Cambyreta, cuentan con una patrullera y más de 10 motocicletas de altas cilindradas preparadas para reaccionar. Actualmente se prevé la llegada de más uniformados y equipamientos con el fin de hacer frente a la delincuencia en la Perla del Sur. Próximamente extenderán su campo de acción a otros distritos del interior de Itapúa.

Intervención del Grupo Lince en el interior de Itapúa.
Los Lince ante una nueva situación política

Aún con las críticas puntuales hacia su actuación, la creación de los Lince es considerada como uno de los puntos positivos del Gobierno del anterior presidente Horacio Cartes para enfrentar la inseguridad ciudadana.
Desde organizaciones de derechos humanos y sectores políticos principalmente de izquierda se cuestiona que la actuación de los mismos obedece a una modalidad represiva o de “mano dura”, más asociada con la manera en que actuaba la dictadura stronista. Se ha cuestionado que el hecho de que actúen con el rostro cubierto por capuchas o que no exhiban sus nombres en sus uniformes atenta contra el Código Procesal Penal y contra la propia Constituciòn.
Tras el cambio de gobierno, producido el pasado 15 de agosto, el nuevo ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor, dispuso que los Linces se identifiquen con su portanombres y actúen sin capuchas, lo cual fue aplaudido por un sector y cuestionado por otro, asegurando que de ese modo se los expone a la revancha de los delincuentes. Los más críticos al gobierno de Mario Abdo Benítez suponen que existe una intención de destruir la creación del Grupo Lince.
Más allá de cuales sean los resultados en esta nueva etapa, no hay dudas de que la actuación de este grupo de élite no puede estar por encima de la Constitución. El desafío es que puedan cumplir a cabalidad su labor, sin violar la ley y respetando los derechos humanos.

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Lucas Toledo es estudiante del tercer año de Ciencias de la Comunicación con énfasis en Periodismo, de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Encarnación. Es reportero especializado en cobertura policial del canal SUR TV en Encarnación y corresponsal del Sistema Nacional de Televisión (SNT). En sus ratos libres le justa jugar al fútbol y leer.



viernes, 25 de noviembre de 2016

La pesadilla de Jeni ante la adicción a los analgésicos


Esta es la historia de una joven madre de 27 años, que sin darse cuenta cayó en la adicción a las drogas. Una mujer a la que nunca le hizo falta nada, que estaba consolidada en el ámbito personal y profesional. Alguien que jamás se imaginó pasar por esto. Esta es la historia de Jeni.


Por Leila Benítez Planás

“Nunca hay que perder la esperanza, por más grande que sea la muralla”, fueron las palabras de Jeni al culminar una emotiva conversación acerca de los últimos acontecimientos que le tocó pasar día tras día.
La muralla que hoy le toca derribar a Jeni es su adicción a los analgésicos, específicamente la Meperidina, un poderoso narcótico analgésico, hermano de la morfina, que actúa como depresor del sistema nervioso central y se utiliza para aliviar el dolor de intensidad media o alta.
Hacen dos meses que Jeni reingresó a la “Fazenda da Esperança”, una hacienda de rehabilitación ubicada en el distrito de Cambyretá, del Departamento de Itapúa.
Ella reingresó a la fazenda luego de haber estado realizando rehabilitación durante tres meses, y de haber salido por un mes y medio y recaer en su adicción a la Meperidina.
Así como ella hay tres chicas más que están luchando firmemente contra su adicción.

Acceso a la “Fazenda da Esperança”. Barrio San Francisco, Cambyreta.

Cuando una enfermedad te lleva a otra

Toda persona cuando sufre dolor busca calmarlo con algún analgésico o medicamento indicado para el mismo. Jeni sufre de fibromialgia, una enfermedad crónica caracterizada por un dolor muscular crónico de origen desconocido, que además presenta otros síntomas.
Su fibromialgia la llevó a consultar en varios sanatorios, visitar el médico día por medio, saltar de un profesional a otro, a realizarse docenas de análisis, en búsqueda de una respuesta a su dolor inexplicable.
Sumado a esto, el estrés del trabajo, que según ella activó su enfermedad; la depresión, problemas personales y otros factores que se fueron acumulando, y empeoraron la enfermedad y su padecer.
Esa no respuesta a su dolor y el diagnóstico tardío de una enfermedad incurable, que ni siquiera presenta causas conocidas, acarrearon a Jeni a consumir medicamentos de todo tipo, iniciando con analgésicos leves, livianos y dosis pequeñas, luego pasar por otras dosis y medicamentos más fuertes, como Fentalino y Morfina. Y ninguno de estos llegó a ser la solución.
“Me iba día de por medio al hospital, porque no había remedio que me calme los dolores, hasta que en el hospital terminaban siempre poniéndome morfina, que era lo único que me calmaba, pero pasaba el efecto y al día siguiente era la misma historia”, comentaba Jesi mientras trataba de seguir con su croché.
El padecimiento de Jeni y su familia llegaron a cansar a todos, y la llevó a buscar otras soluciones más rápidas y eficientes.
“Yo ya dominaba los remedios y pastillas, vivía tomando pastillas, ya me auto medicaba, comencé por ahí. Cada vez que me iba a urgencias los médicos me daban un medicamento distinto y yo ya conocía para qué servía cada remedio, manejaba mis dosis, prácticamente yo sola no más ya manejaba mi medicación”.

La “solución” llegó con la Meperidina

“Yo necesitaba una solución, y como nadie me solucionaba yo empecé a conseguir Meperidina en una farmacia. Primero llevaba mi receta del centro de salud, que era una recetita con un sello y nada más, cuando debería de ser una receta cuadruplicada por ser un medicamento muy controlado y peligroso, hasta te puede dar deficiencia respiratoria y paro cardíaco, para que tengas una idea de lo fuerte que es, hasta para anestesia lo utilizan”, contaba Jeni mientras intentaba controlar algunos temblores de sus manos.
La adicción de Jeni la llevó a conseguir Meperidina y hacerse “cliente” de la farmacia, por su compra frecuente. Empezó inyectándose una dosis, cada 8/6hs, dependiendo del dolor. Y progresivamente, pero con una tremenda rapidez fue aumentando la dosis.
“Empecé a conseguir la droga por delivery. Yo llamaba, me preguntaban cuántas ampollas querían, y me llevaban, y yo me empecé a aplicar. Entonces, a medida que mi cuerpo se fue acostumbrando cada vez menos efecto me hacía una ampolla, y fui subiendo la dosis”, afirma Jeni, recordando con un poco de dolor aquellos momentos.


“Por milagro no morí en mi pieza”

Jeni llegó a salir de su casa en búsqueda de su droga, sin importar la hora, lo hizo de noche y de madrugada a bordo de su motocicleta, incluso comenta que tiene cicatrices de heridas que no sabe ni recuerda cómo se las hizo. Cuenta que llegó a hacer cosas inconscientes que ella no recuerda, pero que su familia le contó. Cosas que son irrepetibles, como por ejemplo, dejar las jeringas repartidas en el baño con manchas y rastros de sangre.
Conmocionada por recordar aquellos momentos de tanta angustia y dolor, Jeni comenta que las dosis aumentaron muy rápidamente sin que se dé cuenta: “Habían veces que ni veinte minutos pasaban y yo ya quería aplicarme otra dosis. Después ya empecé a aplicarme dos ampollas en una jeringa. Y así, hasta que fueron tres y más. Una vez llegué a aplicarme nueve ampollas de una vez, por milagro no morí en mi pieza”.
La situación se descontroló para Jeni de un momento a otro, su familia no conocía por lo que ella estaba pasando.  Ellos se convencían con su argumento de que “eso no más luego” iban a aplicarle en el hospital y de que era mejor “evitarse la fatiga”.

“Me calmaba tan rápido que era mágico para mí”

Jeni se volvió adicta la Meperidina en tan poco tiempo, que ni siquiera se dio cuenta de ello. Pero su familia ya empezaba a notar ciertas actitudes “raras”.  En el punto máximo de su adicción gastó la mitad de su sueldo para conseguir sus dosis, un equivalente a 3 millones de guaraníes.
“A la larga me calmaba tan rápido que era mágico para mí, hasta mi humor cambiaba, ya estaba feliz,  hasta podía dormir. Yo tomaba como 8 a 10 remedios por día, me intoxicaban con remedios”, relataba Jeni como parte de su experiencia de su adicción a esta droga.
En búsqueda de calmar y controlar su dolor, Jeni dejó de trabajar, e incluso por causa de su adicción: “Hasta casi le llevé a la quiebra a mi marido. Como yo sola me aplicaba los inyectables, ya no encontraba mis venas”.


“Nunca imaginé pasar por esto”.

Nadie iba a pensar o imaginarse que una ingeniera agrónoma de tan solo 27 años, con una familia consolidada, una hija de 2 años (en ese entonces), un excelente trabajo en una empresa multinacional, con puesto como Jefa de Recursos humanos, y una familia afirmada en la fe católica iba a caer en este tipo de adicción.
De hecho, ni ella misma pensó pasar por eso.
Jeni nunca calculó que iba a volverse adicta a un narcótico, y mucho menos a la Meperidina.
Estuvo tres meses en rehabilitación en la Fazenda da Esperanca, luego de haber pasado por “Adicciones”, un centro de rehabilitación ubicado en la capital del país, lugar del que dice haberse salvado, porque sus actuales compañeras le contaron que es “una cárcel, los pacientes allí se duerme con pedazos de vidrios bajo su almohada, para defenderse ante cualquier circunstancia, todos son locos y cualquier cosa puede pasar”, confirmaba Jeni.
Admite que recayó en su adicción al tener un periodo de libertad de un mes y medio, porque “la sensación que te da el medicamento es como un parche”, hasta que su familia se dio cuenta de nuevo por su compartimiento y otros síntomas y la internaron nuevamente en la fazenda, donde ya cumplió con su segundo mes de rehabilitación y cree y confía que esta vez, culminará su tratamiento.
La recuperación no fue, ni es fácil. Pero quiere y tiene las intenciones de recuperarse. Aceptar su adicción, su enfermedad fue el primer paso, y dejarse ayudar por su familia. Ahora encuentra la fortaleza en Dios, y le dice “sí” a ÉL todos los días. Su refugio es Dios. Y agradece cada minuto lo que puede hacer en la fazenda, que no es una clínica, es una familia para ella.
Para Jeni el amor vence todo, y cree que únicamente hay que amarse y amar a otros. Esa es la clave.

Un nuevo comienzo.

“Para el futuro le pido a Dios que me muestre lo que quiere que yo haga, quiero hacer la voluntad de Dios con mi familia, lo demás sé que viene por añadidura”.
Finaliza Jeni: “Nunca hay que perder la esperanza, por más  grande que sea la muralla que tengamos en frente”.

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Este reportaje formó parte de la prueba de evaluación final de la asignatura Periodismo de Investigación II
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Leila Benítez Planás está terminando la carrera de Ciencias de la Comunicación, pero a la vez ya trabaja como conductora de televisión en el canal encarnaceno Más TV, donde conduce el programa diario “Como en casa”. Cuando le queda algo de tiempo entre el trabajo y el estudio, también da rienda suelta a su otra pasión: la actuación. Participó como actriz del corto de ficción “Kurusu Serapio”, que se presentó en el Festival Internacional de Cine Paraguay, en Asunción.