martes, 16 de octubre de 2018

Los olvidados pueblos del Ferrocarril reviven con la Ruta 8





Por Pamela Díaz

Antes de que existieran las principales rutas del país, como la número 1 Mariscal Francisco Solano López y la número 2 Mariscal José Félix Estigarribia, entre otras, existía la Ruta del Ferrocarril, denominada de tal forma por ser el ferri o tren el principal medio de transporte, desde la época de Don Carlos Antonio López.
Esta ruta permitía a los habitantes del interior del país realizar viajes hasta las ciudades de Encarnación y Asunción principalmente, siendo además tránsito para incluso cruzar la frontera, debido al auge de la emigración a causa de la desigualdad y falta de trabajo en las regiones rurales.
La ruta ferroviaria transitaba por los rieles y cruzaba los históricos pueblos y ciudades del interior del Paraguay, como por ejemplo: Pirayú, Sapucai, General Bernardino Caballero, Coronel Martínez, Tebicuary, Yuty, Salistre cué, entre otras.
Durante el periodo de gobierno estronista, que en sus últimos años vio nacer varias rutas y carreteras nacionales, las cuales casi todas alcanzaron la tan deseada capa asfáltica, permitió que los habitantes tuvieran mayor movilidad. 
Sin embargo, la región centro sur del país, abarcada por pueblos aledaños a la Ruta del Ferrocarril, se vio marginada durante el gobierno de Alfredo Stroessner, debido a diferencias políticas y mal relacionamiento con Epifanio Méndez Fleitas, reconocido músico y caudillo anti estronista oriundo de San Pedro del Paraná. 
Al igual que este artista y político, por la zona merodeaba Regino Vigo, un bandolero social que alcanzó la fama mientras que se encontraba en el gobierno Higinio Morínigo (1940-1947), y quien de la historia, pasó a formar parte de la leyenda. A continuación se presenta el contexto histórico.

Epifanio Méndez Fleitas con Augusto Roa Bastos. Libro sobre Regino Vigo.

Enemigos en la competencia

Epifanio Méndez Fleitas fue un hábil político, poeta, escritor, músico y compositor nacido en la compañía San Solano, San Pedro del Paraná. En el campo de la política fue aliado del Gral. Alfredo Stroessner hasta la conspiración del año 1954, cuando, a raíz de un golpe de Estado, Stroessner asume la presidencia de la República. Los conocidos comentan que en realidad Epifanio Méndez Fleitas era a quien debía adjudicársele ese primer puesto, debido al cargo antecedente que ocupó en la administración pública al ser jefe de la Policía entre 1949 y 1952. Pero como Stroessner comenzaba a encantarse con el primer lugar, su socio continuó como presidente del Banco Central del Paraguay, ente del cual se encargó desde 1952 hasta 1955.
Por su carácter fuerte y decidido, habilidad política y poder de convencimiento, y además de destacarse como proyector y promotor de los músicos paraguayos, Méndez Fleitas comenzaba a significar un peligro inminente para Stroessner, quien temía que lo sacara del poder.
Por tanto, a partir de 1957 comenzó a disolver el Parlamento y despidió a todos los colorados y liberales, apresando a unos cuantos, exiliando a otros tantos, y entre éstos últimos se encontraba el originario de San Pedro del Paraná. Con Epifanio Méndez Fleitas en el exilio, y el principio de lo que finalmente serían 35 años de dictadura stronista, inició la hostil venganza contra el pueblo natal de Méndez Fleitas, que terminaría afectando también a localidades cercanas.
Habitantes de San Pedro del Paraná y pueblos aledaños quedaron postergados en el tiempo, sumándole una desgracia más a una zona marginada por la desigualdad y la injusticia social.
Stroessner, a partir de 1957, desarrolló la creación de la Ruta 1 hasta la perla del Sur, la ciudad de Encarnación; y la extensión de la ruta nacional número 7 hasta Ciudad del Este. Dichas obras viales dieron más vida a la región, quedando relegada la zona de la Ruta del Ferrocarril.

¿Quién fue Regino Vigo?

Misterioso personaje sampedrano, que según periodistas e historiadores influyó en la marginación de la zona por parte del gobierno stronista. Se creía que tenía poderes mágicos, debido a su increíble astucia para sortear obstáculos. Pero no era más que un cuatrero, jefe de una gavilla con los que realizaban abigeatos y asaltos en la zona de Misiones, Argentina y entre Itapúa y Caazapá. Se congraciaba con la gente repartiendo lo que hurtaba. Cuentan que fue un hábil ladrón y asesino, secuestraba y violaba a mujeres, y las mantenía en sus lugares de escondite.
Según cuenta el antropólogo Hugo Oddone en su libro “¿VIVE VIGO?, el Teniente Regino Vigo, héroe de la Guerra del Chaco, quien conocía desde su infancia las duras condiciones de vida en el campo y de las arbitrariedades de la autoridad política; luego de una injusticia cometida en su contra, se volvió un lobo gregario y aguerrido jefe de una manada bravía, a quien las balas rozaban sin rasgar su carne, aquel que se vuelve invisible para eludir al “enemigo”.
Sale así de las páginas de la historia para ser, no el héroe de las cien batallas, sino el personaje de una mitología popular perdurable en la memoria colectiva y multiplicada en cada época cuyo marco de realidades sociales, económicas y políticas son similares a las de su época y andanzas.
Se cuentan anécdotas como: “Regino Vigo y su pareja se encontraban a caballo, con armas parapiti y escoltas de su grupo los seguían. Un día se toparon con un padre de familia, a quien indicó que no comentara con nadie que se habían cruzado en el camino”.


Pobreza y desigualdad

En el contexto histórico, a pesar de la marginación política, social y cultural, debido al aislamiento por la falta de caminos y la desigualdad social, los pueblos continuaron su desarrollo en torno a la ruta del ferrocarril. Los habitantes se dedicaban a la agricultura, que si bien era pobre, servía de sustento.
Los más antiguos pueblos del Paraguay quedaron en el olvido, y varios de sus habitantes en busca de nuevos horizontes a causa de la crisis económica, emigraban hacia las ciudades de Encarnación y a Buenos Aires, capital federal de la Argentina, donde asentaron sus nuevas raíces.
La ruta del ferrocarril desaparece finalmente en el año 1994, no obstante, existían colectivos, pero circulaban con mucha precariedad. La ruta de tierra roja, que empezaba a utilizarse más a menudo era el pan de cada día de chóferes y pasajeros de las empresas de transporte.

La Ruta 8 saca a los pueblos del olvido

Esta consecuencia perduró hasta el 2008, cuando por obra del destino, las reglas del juego se trasladaron hacia el bando contrario. El Partido Colorado, luego de 60 años en el poder, pierde la carrera ante un eminente nuevo líder: Fernando Lugo. Un sampedrano como presidente de la República del Paraguay.
Parte de la región resurgió. La ciudad natal del entonces nuevo presidente volvió a la superficie con la alternancia. El mismo, resultando ser un sobrino del considerado pro-hombre, Epifanio Méndez Fleitas, hijo predilecto de San Pedro del Paraná.
Cabe mencionar que si bien, las obras de asfaltado de la ruta nacional número 8 Doctor Blas Garay, en el tramo Caazapá - Coronel Bogado, habían comenzado durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos (2003-2008), por otras razones quedaron varadas. Hasta que, mediante la alternancia, se reiniciaron los trabajos viales en una primera parte del tramo conformado desde la ciudad de Coronel Bogado (Itapúa), hasta la entrada del Distrito de Yuty (Caazapá).

La obra avanza durante el gobierno de Cartes

A pesar de los hechos negativos y fraudulentos ocurridos en el país durante el  gobierno de un afamado y polémico presidente, Horacio Cartes, es innegable el legado que aportó durante su periodo gubernamental como encargado de la primera cartera del Poder Ejecutivo.
Durante su mandato, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones retomó las obras de pavimentación y colocación de la capa asfáltica sobre la Ruta Nacional número 8, en el tramo restante desde la ciudad de Yuty, pasando por las localidades de Fulgencio Yegros, Moisés S. Bertoni, Coronel Maciel, hasta la capital del Departamento, Caazapá.
Las obras se encuentran en su etapa final, cuyo resultado pertenece a una empresa coreana que había obtenido la licitación por parte del MOPC. El majestuoso puente de hormigón armado sobre el conocido Río Pirapó reluce de novedad y conecta con mayor facilidad a los vecinos de las ciudades de San Francisco de Yuty y Fulgencio Yegros.
El deseo de todos los que habitan el Paraguay, nación llena de riqueza cultural, con sus pueblos originarios, sus colectividades y sus habitantes originarios de la tierra que habla el dulce idioma guaraní, es igual en magnitud y temporalidad, que alguna vez suceda la verdadera evolución social, intelectual y artística para que este territorio pueda volverse a lo largo y a lo ancho de sus kilómetros cuadrados, una tierra donde lo prometido sí se cumple y los paraguayos alcanzan sus ideales.

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Pamela Díaz es estudiante del tercer año de la carrera Ciencias de la Comunicación, con énfasis en Periodismo, en la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas, de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción" Campus Itapúa. Se siente interesada por la producción de contenidos y todo lo referente a los medios de comunicación. En sus ratos libres observa contenidos digitales en la plataforma YouTube. Le gusta la historia, la filosofía, y las ciencias relacionadas a la comunicación; asimismo, las artes, la interpretación musical y la actuación teatral y televisiva.

La represa que desalojó a los Mbya Guaraní de la Isla Yacyretá



El pueblo Mby’a Guaraní habitaba desde tiempos ancestrales la paradisiaca Isla Yacyretá, en el río Paraná –la misma isla a la que el dictador Alfredo Stroessner acostumbraba ir a pescar-, hasta que se proyectó construir una represa hidroeléctrica en los años 70 y los antiguos habitantes fueron desalojados, empujados a deambular en busca de un nuevo lugar. El poeta Mbya Guaraní, docente y escritor Brígido Bogado, estudiante de periodismo, miembro de la comunidad Pindó de San Cosme y Damián, formada por los expulsados de la isla, relata esta historia poco conocida, con su estilo genuino, comprometido y mágico.


Por Brígido Bogado

En la década de los ’70, los gobiernos de Paraguay y de la Argentina, empezaron las tratativas para la construcción de una represa, con el fin de generar electricidad y “traer el progreso” a ambos países.
Con el tiempo se fue avanzando en los pormenores de la represa, una obra de tal magnitud requería de mucha inversión, pero el beneficio sería cuantioso solo para los hombres fuertes del momento y sus allegados. ¿Y del pueblo qué? ¿Del Mbya de la Isla Yacyreta, qué…? “¡Solo son indios!”
El pueblo indígena, en ese tiempo, no era sujeto de derecho.
El presidente Carlos Antonio López (1792-1862) había derogado la Ley por la que se otorgaba el reconocimiento del indígena y sus derechos y obligaciones, que había sido otorgado tras la Independencia por el Supremo Dictador, doctor José Gaspar Rodríguez de Francia (1766-1840).
Así desaparecía toda Ley que protegía a los pueblos indígenas. Recién en 1981 se volvió a reconocer al indígena con la Ley 904/81 – Estatuto de las Comunidades Indígenas, promulgada por el general Alfredo Stroessner, no por buena voluntad, ni por el sentido de humanidad, sino por presión de la comunidad internacional y en especial de los Estados Unidos, con la amenaza de sacarle apoyo económico, en especial el programa “Alianza para el progreso”. Esto ocurrió también por haberse hecho público la matanza de hombres, con secuestro de mujeres y niños, del pueblo nativo Aché en Canindeyu.
El pueblo Aché no quería abandonar sus tierras ancestrales y “alguien poderoso” lo quería.

Isla Yacyretá, al atardecer.
La expulsión de los Mbya

Cuando comenzaron los trabajos en la Isla Yacyretá, ubicada en medio del río Paraná, simplemente se les dijo a los Mbya que habitaban allí, que deberían salir de la isla, ya que el agua iba a subir y todo iba a quedarse inundado. Ni eran personas autorizadas por el gobierno, ni por la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), eran simplemente mandados que debían convencerlos, darles miedo.
Los antiguos moradores recuerdan que al principio la gente se resistía a salir, pero después empezaron a invadir el lugar los trabajadores y mucha gente no indígena, con sus grandes maquinarias y causando muchas explosiones.
Como una forma de protección y de resistencia, los Mbya no abandonaron el lugar. Querían buscar otros lugares más alejados dentro de la isla, pero ya no tenían a donde irse.
Estaban rodeados de agua.
Entonces, finalmente salieron y muchos se asentaron en los alrededores de Ayolas y otros lugares.
En esos nuevos sitios trataron de seguir manteniendo su sistema de vida.
Después de muchas vidas y generaciones, de un día para otro, a los Mbyá se les terminó la vida feliz en la Isla Yacyretá.
Tuvieron que dejar la rica historia de los Tamoi y de las Jaryi. Dejaron sus cultivos, su cementerio, la abundancia de los peces y los animales silvestres, que son los elementos esenciales para el teko porä y el teko añete.
Los antiguos pobladores recuerdan, con mucha tristeza haber abandonado el lugar llamado Mba´e pu porä, que es como un pequeño cerro en donde dicen moran las almas de los ancestros. Son quienes llevaron una vida ejemplar, que cuando se había ido Ñande Ru Tenondé les permitió quedarse en esa zona, para la protección de las familias Mbya.
Si se escucha con atención, cuenta nuestra gente, se puede oir la música ancestral, especialmente en las tardecitas o a la hora del alba. También cuando hay amenaza de una tormenta, ellos se manifiestan desde ese lugar.
 
Los Mby'a de la comunidad Pindó, en San Cosme y San Damián.
Deambulando en busca de un lugar

Luego de la salida forzada de las familias Mbya de la Isla Yacyretá, deambularon durante cerca de cinco años cerca de Ayolas, San Ignacio, Santa Rosa, Santiago y otros lugares hacia Coronel Bogado, por un interés de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), a través de su Equipo Nacional de Misiones, que buscaba un acercamiento a las comunidades Indígenas, llevar algo de esperanza y resolver las cuestiones de tierra, que en ese tiempo eran muchas.
Este Equipo estaba integrado por sacerdotes, religiosos, trabajadores sociales y juristas compenetrados y comprometidos por la causa indígena. Ellos hicieron que fuera posible juntar a las familias dispersas de la Isla.
Después de mucho trabajo, entre censos, reuniones, idas y venidas a Asunción, se solicitó al INDI (Instituto Nacional del Indígena) y otras instituciones el apoyo y la intervención para la restitución, aunque sea en parte de las tierras perdidas en la Isla Yacyretá, unas 60.000 Hectáreas.
Después de cinco años, más o menos, se logró demostrar mediante los trabajos de este equipo que estas familias habían salido de la Isla Yacyreta, y que tuvieron que abandonar sus teko’a por causa de la construcción de la represa, que al principio la EBY se negó a reconocer, pero al final tuvieron que aceptar la situación.
Así se reconoció a unas 28 familias Mbya para la relocalización. Sus integrantes buscaron lugares ancestrales en donde ubicarse. Al principio la EBY les ofreció lugares muy lejanos a su habitat de antaño, pero ellos no aceptaron.
Según la Ley N° 904/81, la cantidad mínima para una familia indígena, en la Región Oriental, es de 20 hectáreas, pero la EBY sólo compró 425 hectáreas para las 28 familias, muchos menos de lo que la Ley establece.
Finalmente, las familias Mbya aceptaron las tierras ofrecidas, aunque perdieron sus habitat natural, cargado de peces, animales sivestres, miel, etc. En el nuevo teko’a, si querían vivir, tenían que meterse en la agricultura para asegurar el consumo y vender el excedente.
Después de ubicarse las familias Mbya en la nueva tierra, la EBY les asistió solo por un tiempo de tres años, porque decían que luego se acabó el programa de ayuda.
Más o menos después de 10 años se consiguió que se construyeran unas 28 viviendas para las familias y no hace mucho que la comunidad cuenta con agua potable y con el servicio de energía eléctrica, que además cada familia debe pagar.
La pregunta es: ¿qué progreso ha traído la represa de Yacyretá al pueblo Mbya?
¿En qué mejoró el pueblo Mbya su calidad de vida?
El pueblo Mbya no necesitaba ni aún hoy el desarrollo y el progreso como lo entienden los blancos.
En la tierra privilegiada de los Mbya, se ha construido la represa de Yacyreta. Jamás se les ha consulado si estaban de acuerdo o no, según lo establece la Ley.
¿Para qué…?
Si apenas son personas.



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Brígido Bogado es docente, escritor y poeta indígena guaraní, miembro de la Comunidad Indígena Pindó de San Cosme y Damián. Estudia la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Católica de Itapúa, en Encarnación, hasta donde se traslada desde su comunidad para asistir a clases.

“Hacer pipí en un termo”: Las mil y una historias en las colas del puente San Roque



Hacer compras en la ciudad paraguaya de Encarnación se ha vuelto una opción válida para los pobladores de la vecina ciudad argentina de Posadas, desde que la devaluación de su moneda les permite obtener mejores precios a este lado de la frontera. Realidad cambiante: Hasta hace poco tiempo éramos los paraguayos los que formábamos largas colas para ir a hacer compras a la Argentina. En las filas del lado paraguayo puede ocurrir de todo, tal como lo narramos en esta crónica.


Por Marcos Fernández Correa

Desde que se desató la fiebre de compras en el lado paraguayo para los ciudadanos argentinos, en las largas colas que se forman para cruzar el Puente San Roque González de Santa Cruz, que une a las ciudades de Encarnación y Posadas, ocurren mil y una historias, provocadas por las trabas burocráticas impuestas principalmente por las autoridades fronterizas argentinas. Es en estos casos cuando se comprueba que el espíritu de integración del que se habla en el Tratado del Mercosur continúa solamente en el papel.
Conozcamos una de estas simpáticas historias:

Silvia Ferreyra es locutora nacional en la ciudad de Posadas, quien también ejerce la labor de docente en Encarnación y por tanto debe cruzar a cada tanto el puente que une a nuestras dos ciudades y a nuestros dos países.
A ella le tocó esperar toda una noche y parte de la mañana siguiente a bordo de su automóvil, esperando pacientemente en la cola, según nos cuenta.
Era las 22:00 de un día martes cuando Silvia salió de la Universidad en la cual imparte clases, en Encarnación.
Así lo cuenta ella:
-Subí al auto. Al llegar cerca de la aduana vi la interminable fila de vehículos, pensé que era normal, pero al pasar los autos, me daba cuenta que nunca llegaba destino. Rodeé un barrio totalmente desconocido para mí, ya que fue la primera vez que lo viví.
De esa forma corrían las horas de la noche y la madrugada, y la interminable espera se hacía cada vez peor.  Ella tenía muchas ganas de ir al baño, pero no lo podía hacer, ya que en la zona en que esperaba no había siquiera uno de esos baños químicos portátiles. Ella tuvo que improvisar dentro de su vehículo:
-Ya eran las 6:40 de la mañana y yo seguía en el mismo lugar. Con la depuración en mi me dieron ganas de ir al baño, pero al mirar por la ventana, vi que ni siquiera habían puesto un miserable baño químico, así que  tuve que orinar en el termo que traía conmigo para tomar el mate. Para concluir, finalmente logré pasar a las 7:00 am e irme directo al laburo.
Así como generalmente se dice que hay personas “que viven en un termo”, haciendo alusión a que no se enteran de muchas cosas, las colas del Puente San Roque obligan directamente a las personas atrapadas en la congestión a “hacer pipí en un termo”.
En el caso de la locutora y docente Silvia, aunque ella no viene a Encarnación a hacer compras y afectar a la economía de su país, sino a compartir sus conocimientos a través de la docencia, igual ha debido sufrir el calvario que viven muchos de sus compatriotas, en el intento de cruzar el puente.
Como pocas veces se ha visto, hubo ocasiones en que la fila de automóviles esperando el cruce prácticamente se extendía de un extremo a otro de los límites físicos del centro urbano de Encarnación, desde la zona aduanera del puente San Roque hasta el sector del puente Quiteria sobre el arroyo Mboi Kae, en una extensión que abarca aproximadamente unas 50 cuadras.
Durante esa larga fila e interminable espera se han visto pintorescas escenas, como al intendente encarnaceno Luis Yd repartiendo chipas a los automovilistas que se encontraban en las colas, hasta gestos de reprochable corrupción, como la acción de aprovechadores que ofrecían guiar a los choferes más apurados por un atajo y hacerlos cruzar más rápido, a cambio de una suma de dinero

La larga cola de vehículos esperando sobre la Costanera de Encarnación. Al fondo, el puente.
Los datos de la Dirección General de Migraciones del Paraguay apuntan a que en la pasada Semana Santa unas 80.978 personas ingresaron al país.
Según los datos extraoficiales reportados bajo la modalidad de TVF  producto del control cruzado realizado con las autoridades migratorias de Argentina, en el Puesto de Control de Encarnación se dio el flujo de entrada más importante, que alcanzó a unos 82.000 ingresos durante toda la semana, siendo los días martes y miércoles santo los de mayor flujo (unos 11.000 ingresos diarios, en promedio, durante esos días). De los extranjeros que ingresaron al país, según estos datos, aproximadamente el 87% son argentinos.
En el análisis de esta situación, se puede confirmar que no existe una voluntad política de las autoridades argentinas de Aduanas y Migraciones de facilitar el paso de sus conciudadanos para entrar a hacer compras en el Paraguay, probablemente temiendo que esto afecte aún más a la golpeada economía del vecino país, por ello ponen muchas trabas burocráticas o habilitan muy pocas cabinas de atención en el puesto fronterizo, para quitarles las ganas a los ciudadanos que intentan cruzar. Sin embargo, cuando son los paraguayos los que acuden a hacer compras en la Argentina, las autoridades paraguayas no ponen muchos impedimentos. Es decir, no existe reciprocidad a ambos lados de la frontera.
En conclusión, podemos destacar que el espíritu de integración que se pregona en el Tratado del Mercado Común del Sur (Mercosur), hasta ahora solo existe en los papeles, pero no en la realidad cotidiana de la vida de frontera. 


Otra imagen de la cola de automovilistas. Para no gastar combustible, muchos empujan sus autos a pulso.