sábado, 3 de septiembre de 2016

Las “paseras”: Una profesión sacrificada y sin fronteras

Monumento a la "pasera" en Encarnación.

El oficio al que se dedican es tan antiguo como la misma historia de la ciudad, que muchos las consideran casi parte del paisaje. Hay quienes dicen que cruzar diariamente la frontera con un bolso o un canasto, para vender algo al otro lado, o viceversa, es una actividad ilegal, y por eso las persiguen o les ponen trabas aduaneras, pero ellas consideran que es un trabajo tan digno como cualquiera, y hasta tienen un monumento que les rinde homenaje. Esta es la historia de las “paseras” de Encarnación.


Por Dalila Casco

-El día en que se habilite el Puente, se va terminar la buena vida de ustedes…-, le decía Ña Cayé a Ña Sofía, y a sus compañeras de paso, mientras les compraba los artículos o mercaderías que ellas llevaban desde el Paraguay.
Todos los días, cientos de mujeres cruzan el Puente Internacional San Roque González de Santa Cruz. Algunas hacen el cruce a diario, otras se toman día de por medio para dedicarse a sus hogares y a su familia, o para conseguir los productos que al día siguiente tendrán que hacer cruzar hacia la hermana República Argentina.
Sofía Casco de González, una de las legendarias paseras, acepta contarnos su historia. Ha trabajado en la frontera hace casi 50 años. “Desde que mi hijo mayor cumplió 1 año de edad, yo empecé a irme a Posadas”, relata.
Actualmente, ella tiene 71 años y sigue trabajando en el paso fronterizo, aún con su avanzada edad. No se arrepiente de haberlo hecho durante tantos años. Es más, asegura que lo seguirá haciendo hasta que no le queden fuerzas, y entre risas, explica: “Che aha ndapytaséigui ógape, ha che gusta voi la Posadas”.

Cruzando el río, año tras año.

Ña Sofia, con sus bolsones de pasera, enfrentando la vida.
La rutina de Ña Sofìa arranca a las tres de la madrugada. Como de costumbre, ella prepara su mate y se alista para un nuevo día, con desafíos que ganar y un puente que cruzar.
Con sus bolsos todos preparados, antes de que despunte el sol, ella sale presurosa de su hogar para lograr alcanzar el micro de la Línea 3, que la llevará hasta la Terminal de Ómnibus de Encarnación, donde tendrá que tomar otro colectivo para cruzar el Puente Internacional, con la esperanza de que al llegar a la ciudad argentina pueda encontrar compradores que adquieran todas sus mercaderías.
Los inicios de Sofía en esta labor fueron cuando ella era todavía muy joven, aunque ya casada y con un hijo. La idea era ayudar a sostener económicamente la familia,
“Los primeros tiempos yo cruzaba sin documento, porque en esa época no hacía luego falta esas cosas, pero después sí, ya me tuve que hacer, ahora sique ya tengo mi DNI”, relata.
Sofia empezó llevando cantidades pequeñas de ajos y cebollas de verdeo, todos productos de su propia huerta o de su chacra. En esa época todavía no había puente y aún estaba en funcionamiento la lancha que cruzaba el río Paraná desde el viejo muelle de Encarnación, en la hoy desaparecida Zona Baja.
“La mejor época era cuando había lancha, porque no existía el puente y eran muy escasas las personas que cruzaban, entonces nosotras vendíamos todo lo que llevábamos. Nosotras somos mujeres trabajadoras, no somos bandidas, no llevamos nada prohibido”, explica.

El miedo al puente.

En esos años de cruces en lancha, el mayor temor de las paseras era que se llegue a construir el puente internacional entre Encarnación y Posadas, porque todos imaginaban que si el paso fronterizo se hacía más fácil, se iba a perder el interés por los productos que llevan las paseras.
“Había un señor en Posadas, al que le llamaban Ña Cayé, que siempre compraba de nosotras todo lo que llevábamos. Cuando el puente ya se estaba construyendo, una vez nos dijo: ‘Cuando se habilite el puente adiós mante, va terminar la buena vida de ustedes’ ¿Ha mba’ere piko?, le preguntamos, y nos dijo que él ya no iba a comprar de nosotras porque él mismo iba cruzar para hacer sus compras, y así fue, nunca me olvido de ese señor, tan cierto lo que dijo”, recuerda Sofía.
Al terminar de construirse y habilitarse el Puente Internacional San Roque González de Santa Cruz, todo se tornó más difícil para quienes trabajan en el paso fronterizo, ya que todos los días miles de argentinos cruzan fácilmente a tierras paraguayas a realizar sus compras, pero aún así existen mujeres como Ña Sofía, que no han bajado los brazos y que seguirán trabajando en este rubro, hasta que le den las fuerzas suficientes para alzar sus bolsones y subir a un colectivo.
Han soportado días de tormenta, lluvia, sol, frío y calor. Antes cruzando en lancha, ahora en el colectivo internacional. El rostro mismo de la ciudad ha cambiado mucho, pero ellas continúan, porque ya son parte de la historia.
Ellas, las paseras…

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Dalila Casco también está terminando la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UCI, mientras ya se desempeña como activa social media community manager en el canal MásTV. Parece de contextura pequeña y frágil, pero no hay quien la detenga cuando se propone algo.